Para comenzar

El objetivo de este blog es hacer un recorrido a través de la historia de la ciencia y de la importancia de las maquinas que acompañaron este proceso.

martes, 21 de febrero de 2012

Colón:



El valiente e inteligente emprendedor que creyó en lo que nadie consideraba posible.

Cristóbal Colón, terco, testarudo, egocéntrico e informal. El hombre renacentista mas medieval de la época, y aún así alabado y adorado como genio, emprendedor, radical. Suertudo. Si bien Colón llegó a América fue porque tenía muchísima suerte, de eso no hay duda.

Este maestro en el arte de la navegación, describe a la perfección la transición entre el hombre intuitivo y abrupto de la edad media hacia la racional y metódica mente renacentista. A pesar de su extraordinaria habilidad para tirar choro y convencer a cualquiera de sus ideas, Colón no dejaba de ser un mercante, un navegante, una gente común, la única educación que recibió fue autodidacta por cierto bastante deficiente.

La historio ha sido disfrazada, oculta y modificada a favor de Colón, pero la verdad emerge de las profundidades, no para hundir las naves de Colón si no para mostrarlas como realmente fueron. Para 1490 eran ya pocos los que ignoraban que la tierra era esférica, incluso en las tertulias y discusiones “científicas” de la época se hablaba de los antípodas, habitantes del otro extremo de la tierra, que andarían de cabeza, como caminando sobre los techos. 

Cuando Colón llegó con los reyes a exponer sus ideas presumiendo de gran formalidad matemática y sustento científico, se topó con que el dilema no era si la tierra era esférica o no, más bien el problema era el tamaño de la misma el que representaba una traba importante. Según Ptolomeo la circunferencia terrestre era 30,000km, según Eratóstenes era 39,000km, la última era la que aprobaban los consejeros reales y la más cercana al valor real de 40,075km, pero Colón quizá por voluntad o ignorancia adoptó la de Ptolomeo y por si su equivocación no era suficiente estimó por sus pistolas un valor menor.

Por carisma, simpatía, perseverancia o necedad, los reyes católicos autorizaron a Colón su atroz aventura, la cual realizó basado en conclusiones superficiales, informales, erróneas, atroces. Suerte. Al cabo de muchos meses y al borde de un motín, Colón llego a tierra, y una vez más errónea y testarudamente afirmó que eran las tierras de las especias. Por pura suerte la historia le atribuyó de épicos dones matemáticos y analíticos, cuando lo que se le debe reconocer son los cojones para aventurarse a lo desconocido.

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