El valiente e inteligente emprendedor que creyó en lo que
nadie consideraba posible.
Cristóbal Colón, terco, testarudo, egocéntrico e informal.
El hombre renacentista mas medieval de la época, y aún así alabado y adorado
como genio, emprendedor, radical. Suertudo. Si bien Colón llegó a América fue
porque tenía muchísima suerte, de eso no hay duda.
Este maestro en el arte de la navegación, describe a la
perfección la transición entre el hombre intuitivo y abrupto de la edad media
hacia la racional y metódica mente renacentista. A pesar de su extraordinaria
habilidad para tirar choro y convencer a cualquiera de sus ideas, Colón no
dejaba de ser un mercante, un navegante, una gente común, la única educación
que recibió fue autodidacta por cierto bastante deficiente.
La historio ha sido disfrazada, oculta y modificada a favor
de Colón, pero la verdad emerge de las profundidades, no para hundir las naves
de Colón si no para mostrarlas como realmente fueron. Para 1490 eran ya pocos
los que ignoraban que la tierra era esférica, incluso en las tertulias y
discusiones “científicas” de la época se hablaba de los antípodas, habitantes
del otro extremo de la tierra, que andarían de cabeza, como caminando sobre los
techos.
Cuando Colón llegó con los reyes a exponer sus ideas
presumiendo de gran formalidad matemática y sustento científico, se topó con
que el dilema no era si la tierra era esférica o no, más bien el problema era
el tamaño de la misma el que representaba una traba importante. Según Ptolomeo
la circunferencia terrestre era 30,000km, según Eratóstenes era 39,000km, la
última era la que aprobaban los consejeros reales y la más cercana al valor
real de 40,075km, pero Colón quizá por voluntad o ignorancia adoptó la de
Ptolomeo y por si su equivocación no era suficiente estimó por sus pistolas un
valor menor.
Por carisma, simpatía, perseverancia o necedad, los reyes
católicos autorizaron a Colón su atroz aventura, la cual realizó basado en conclusiones
superficiales, informales, erróneas, atroces. Suerte. Al cabo de muchos meses y
al borde de un motín, Colón llego a tierra, y una vez más errónea y testarudamente
afirmó que eran las tierras de las especias. Por pura suerte la historia le
atribuyó de épicos dones matemáticos y analíticos, cuando lo que se le debe
reconocer son los cojones para aventurarse a lo desconocido.


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